¡Viva Transantiago!

Si hay algo que valoro de Transantiago, es el incentivo que ha generado en las personas, el impulso que les ha provocado por limpiar sus bicis, desempolvarlas y comenzar a pedalear. Antes éramos unos cuantos los que nos encontrábamos en las mañanas camino al trabajo, incluso nos saludábamos. Ahora he perdido la cuenta, cada día veo gente nueva y hasta me toca tráfico en las esquinas.
Por supuesto, uno se topa con todo sobre ruedas, al igual que cuando manejamos autos. Sobran los que desconocen las normas de tránsito –créanme que existen -, los pavos, los irrespetuosos, los que olvidan las normas de seguridad; como el casco, tan vilipendiado, pero trascendental al momento de un accidente.
Igualmente, abundan los y las que se juran en una pasarela…pero que de milagro saben pedalear. De hecho son los que más risa me dan. Pero aún así, no me importa, mientras anden en bici, bienvenidos sean todos.
Las que más me han sorprendido de forma positiva, son las señoras, he visto tanta mujer mayor de 50, pedaleando a diario, quizás a sus oficinas, a ver a una amiga, a comprar o a pagar cuentas, en fin, sobre ruedas.
¿Quién iba a pensar que el cambio radical del transporte fuere a promover de esta forma la descontaminación y que tanto chileno se esté ejercitando? Sencillamente, increíble y maravilloso. Sólo espero que una vez que todo vuelva a su equilibrio, las bicis y la gente sobre ellas, no desaparezcan de las calles.
Por supuesto, uno se topa con todo sobre ruedas, al igual que cuando manejamos autos. Sobran los que desconocen las normas de tránsito –créanme que existen -, los pavos, los irrespetuosos, los que olvidan las normas de seguridad; como el casco, tan vilipendiado, pero trascendental al momento de un accidente.
Igualmente, abundan los y las que se juran en una pasarela…pero que de milagro saben pedalear. De hecho son los que más risa me dan. Pero aún así, no me importa, mientras anden en bici, bienvenidos sean todos.
Las que más me han sorprendido de forma positiva, son las señoras, he visto tanta mujer mayor de 50, pedaleando a diario, quizás a sus oficinas, a ver a una amiga, a comprar o a pagar cuentas, en fin, sobre ruedas.
¿Quién iba a pensar que el cambio radical del transporte fuere a promover de esta forma la descontaminación y que tanto chileno se esté ejercitando? Sencillamente, increíble y maravilloso. Sólo espero que una vez que todo vuelva a su equilibrio, las bicis y la gente sobre ellas, no desaparezcan de las calles.

