Se acabó la leva!!!

No suelo celebrar la muerte de nadie, pero creo que la de él es justo y necesario festejarla. Es justo por las más de 3.000 personas que murieron durante los 17 años de su Dictadura. Es necesario por quienes debimos nacer fuera de nuestro país. Es justo por el daño y la división que causó al país y es necesario porque es injusto que no haya pasado ni medio día tras las rejas luego de los crímenes cometidos durante su dictadura, y peor aún, que sólo haya importado apresarlo cuando se corroboró que robó.
Lamento que no haya sido castigado, pero me alegro que de una vez por todas, el hombre que más daño le ha hecho a este país, se haya ido de una buena vez por todas.
En mis escasos dos años desde que trabajo como periodista e incluso mientras estudiaba, me atrevo a decir que la mejor editorial que he leído en años, tras la muerte del criminal, fue la que publicó el diario La Nación. La única que sin verborrea y de forma profesional, dio cuenta de cómo fueron realmente las cosas durante la dictadura, poniendo en su justa medida los hechos que acontecieron en nuestro país.
La única, nuevamente, que con nombre y apellido, nombró a Augusto Pinochet como lo que realmente fue: un Dictador. Sin disfrazarlo de ex presidente, u omitir su condición para no abanderarse con ninguna causa, refiriéndose a él sólo como el general en retiro. O peor aún, arguyendo que de alguna u otra forma contribuyó a la patria. Cayendo en el mismo juego que muchos de sus adherentes, quienes continúan defendiéndolo para ocultar las miles de muertes de nuestros compatriotas que aún afectan a muchas familias chilenas. Familias que están vivas, pero que quizás prefirieran no estarlo.
Expresó el sentir de muchos chilenos. Muchos que, como yo, debieron nacer en el exilio y a quienes se les robó la posibilidad de crecer en "su" país y de desarrollar una vida familiar normal, más allá de los escasos llamados por teléfono y las cartas. Muchos que aunque sabemos que debimos nacer en esta tierra, que en el fondo somos chilenos, no podemos sentirnos como tales del todo. Sin resentimiento, pero con la verdad por delante, lideraron la voz de todos los que el domingo fuimos a manifestarnos pacíficamente y tuvimos que correr inesperadamente, luego de que la fuerza policial actuara desmedidamente, sin importarles la presencia de minusválidos y madres con sus niños en coches de paseo.
Así que por más que les duela, a quienes continúan llorando su partida, la muerte de Pinochet es un grito de alegría y de esperanza en Chile. Un “Nunca más” de verdad en la historia de nuestro país.
Lamento que no haya sido castigado, pero me alegro que de una vez por todas, el hombre que más daño le ha hecho a este país, se haya ido de una buena vez por todas.
En mis escasos dos años desde que trabajo como periodista e incluso mientras estudiaba, me atrevo a decir que la mejor editorial que he leído en años, tras la muerte del criminal, fue la que publicó el diario La Nación. La única que sin verborrea y de forma profesional, dio cuenta de cómo fueron realmente las cosas durante la dictadura, poniendo en su justa medida los hechos que acontecieron en nuestro país.
La única, nuevamente, que con nombre y apellido, nombró a Augusto Pinochet como lo que realmente fue: un Dictador. Sin disfrazarlo de ex presidente, u omitir su condición para no abanderarse con ninguna causa, refiriéndose a él sólo como el general en retiro. O peor aún, arguyendo que de alguna u otra forma contribuyó a la patria. Cayendo en el mismo juego que muchos de sus adherentes, quienes continúan defendiéndolo para ocultar las miles de muertes de nuestros compatriotas que aún afectan a muchas familias chilenas. Familias que están vivas, pero que quizás prefirieran no estarlo.
Expresó el sentir de muchos chilenos. Muchos que, como yo, debieron nacer en el exilio y a quienes se les robó la posibilidad de crecer en "su" país y de desarrollar una vida familiar normal, más allá de los escasos llamados por teléfono y las cartas. Muchos que aunque sabemos que debimos nacer en esta tierra, que en el fondo somos chilenos, no podemos sentirnos como tales del todo. Sin resentimiento, pero con la verdad por delante, lideraron la voz de todos los que el domingo fuimos a manifestarnos pacíficamente y tuvimos que correr inesperadamente, luego de que la fuerza policial actuara desmedidamente, sin importarles la presencia de minusválidos y madres con sus niños en coches de paseo.
Así que por más que les duela, a quienes continúan llorando su partida, la muerte de Pinochet es un grito de alegría y de esperanza en Chile. Un “Nunca más” de verdad en la historia de nuestro país.

